UNICEF alerta sobre abuso sexual digital en adolescentes: recomendaciones de un experto en Durango
20 millones de adolescentes expuestos a abuso sexual digital, según UNICEF: qué pueden hacer las familias
Un nuevo informe de UNICEF dimensiona la magnitud del abuso y la explotación sexual infantil facilitados por tecnologías digitales: alrededor de 20 millones de niñas, niños y adolescentes de 12 a 17 años que utilizan internet fueron afectados por al menos una forma de estas conductas durante un año en los 21 países analizados.
El estudio, titulado A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil, reúne información de aproximadamente 21 mil adolescentes usuarios de internet y entrevistas con jóvenes que vivieron abuso durante su infancia. México forma parte de la investigación.

Las cifras que dimensionan el problema
UNICEF estima que más de 15 millones de menores estuvieron expuestos a contenido sexual no deseado; alrededor de 9 millones recibieron solicitudes para participar en conversaciones sexuales o compartir imágenes sexuales contra su voluntad, y aproximadamente 4 millones sufrieron la difusión de imágenes sexuales propias sin consentimiento.
Casi 60% de los casos ocurrió en plataformas de redes sociales como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp. Otro 14% estuvo relacionado con interacciones en videojuegos en línea.
Pero hay otro dato que modifica una idea común sobre este tipo de violencia: en 57% de los casos, la persona agresora ya era conocida por el menor, incluyendo amistades, parejas, compañeros y familiares.
México: uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet
El panorama mexicano cuenta con un dato específico.
De acuerdo con el estudio Disrupting Harm México, presentado por UNICEF, ECPAT International e INTERPOL, uno de cada ocho adolescentes usuarios de internet en México sufrió explotación o abuso sexual facilitados por tecnologías digitales durante un periodo de un año.
UNICEF estima que esto representa alrededor de 1.6 millones de adolescentes de entre 12 y 17 años.
La investigación mexicana también encontró que en 64% de los casos las y los adolescentes ya conocían a la persona agresora, principalmente amistades, parejas o familiares. La exposición no deseada a imágenes sexuales fue la forma más común identificada en la encuesta, reportada por 7% de los adolescentes usuarios de internet.
Esto cambia el enfoque de prevención: el riesgo no está únicamente en aceptar solicitudes de desconocidos.
La mirada local: qué pueden hacer las familias en Durango
Para entender cómo estos datos pueden traducirse en acciones concretas dentro de las familias, consultamos a David Anaya Solís, especialista en ciberseguridad e inteligencia digital y director de ALMENA MX.
Desde su perspectiva, uno de los principales retos consiste en que la prevención no se reduzca a revisar el teléfono o prohibir determinadas aplicaciones. La protección también requiere que niñas, niños y adolescentes tengan un adulto de confianza al que puedan acudir cuando algo ocurre en internet.
Entre las medidas generales que pueden adoptar las familias están:
Mantener abierta la conversación. Un menor debe saber que puede contar que recibió una imagen, una propuesta o un mensaje inapropiado sin asumir automáticamente que será castigado o que perderá su acceso a internet.
Revisar la privacidad de las cuentas. Conviene conocer quién puede enviar mensajes, agregar contactos, comentar publicaciones o interactuar con los perfiles de niñas, niños y adolescentes.
No centrar la prevención únicamente en “los desconocidos”. La evidencia de UNICEF muestra que una proporción importante de los agresores ya tenía algún vínculo con la víctima.
Conservar evidencia cuando ocurre un incidente. Ante una situación de abuso, extorsión o difusión de imágenes íntimas, puede ser importante conservar mensajes, perfiles, fechas y capturas antes de bloquear o eliminar una cuenta, evitando redistribuir el material sexual.
Utilizar los mecanismos de denuncia. Las plataformas cuentan con herramientas para reportar contenido y cuentas; además, las familias pueden acudir a las autoridades cuando existe un posible delito.
Observar cambios de comportamiento. Aislamiento, ansiedad, miedo, cambios repentinos de ánimo o rechazo a determinadas actividades digitales pueden justificar una conversación y, si es necesario, buscar apoyo profesional.
Evitar culpabilizar a la víctima. Que un adolescente haya enviado una fotografía, aceptado una solicitud o mantenido una conversación no convierte esas acciones en consentimiento para que alguien lo amenace, extorsione o distribuya contenido sexual.
El silencio también forma parte del problema
Uno de los hallazgos más relevantes del informe mundial es que más de 40% de los casos nunca fueron contados a nadie, mientras que menos de 1% llegó a ser reportado a autoridades como policía, trabajadores sociales o líneas de ayuda. UNICEF señala que una de las principales razones del silencio fue no saber a quién acudir.
Por eso, la prevención no termina con configurar correctamente un teléfono.
Una familia puede tener controles parentales, cuentas privadas y filtros de contenido, pero si un adolescente considera que contar lo ocurrido provocará automáticamente un castigo, puede optar por guardar silencio.
La conversación, en ese sentido, también es una herramienta de ciberseguridad.
UNICEF pide cambios también a las plataformas
El informe de UNICEF no coloca toda la responsabilidad en las familias. También plantea la necesidad de que gobiernos, empresas tecnológicas y otros actores fortalezcan la protección infantil.
Entre las medidas señaladas están el desarrollo de plataformas más seguras desde su diseño, mayores protecciones de privacidad para menores, restricciones al contacto no solicitado de adultos hacia niñas, niños y adolescentes, sistemas de recomendación más seguros y mejores mecanismos para detectar y denunciar abuso.
La propia UNICEF advierte que el abuso facilitado por tecnología puede ocurrir completamente en línea o combinar interacciones digitales con situaciones presenciales. En México, el estudio también subraya la conexión entre ambos entornos.
Para las familias duranguenses, el mensaje central es sencillo: la seguridad digital de niñas, niños y adolescentes no consiste únicamente en vigilar qué hacen en internet, sino en construir las condiciones para que puedan pedir ayuda cuando algo sale mal.
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